…ser solo nosotros mismos y retornar al estado más puro, donde habitan nuestras emociones primarias alejadas de cualquier banalidad… Missing You

Nosotros mismos… Este confinamiento en cierto modo no solo nos ha recluido dentro de nuestras casas, también nos ha encerrado dentro de nosotros mismos. Hemos pasado de navegar a descubrirnos varados en tierra a merced de las olas, el viento o la arena. El planeta se ha sacudido y hemos permanecido sumidos en la inquietud de nuestro interior tan paralizado como el exterior. En este estado, tan inmóvil como antinatural, hemos alcanzado una perspectiva casi dolorosa sobre la realidad que nos envuelve y que, por momentos se ha tornado irreal, como de ciencia ficción.

El tiempo ha sido, como siempre, el cómplice y el enemigo principal en ésta situación. Con su caprichosa mano, nos ha colocado en el ojo del huracán, sin la preparación física o mental para capear el temporal. Los astros, alineados como las brujas de Macbeth, habían dictado sentencia: el mundo debía superar uno de los más grandes retos que ha afrontado en mucho tiempo. Para poder hacerlo, debíamos deshacernos de cualquier carga, ser solo nosotros mismos y retornar al estado más puro, donde habitan nuestras emociones primarias alejadas de cualquier banalidad.

Missing You

Missing You para Nebula
Fotografía de Raquel Gutiérrez González

 

La cuarentena ha sido el momento perfecto para purificarnos, descubrirnos tan reales como los propios elementos que nos rodean. Cuidarnos, protegernos, salvarnos… esa ha sido nuestra misión principal, alejada de las frivolidades de una vida cotidiana tan improbable como desaparecida. Sentir el calor del sol cada mañana, disfrutar de la lluvia, las caricias del viento o de la tierra firme bajo nuestros pies… todos esos momentos que en nuestro día a día pasan tan desapercibidos, no solo han adquirido el valor que merecen, también son metáforas del crecimiento personal al que la cuarentena nos ha conducido, permitiéndonos salir de nuestra burbuja y tomar conciencia de lo que sucede más allá.

A flor de piel han estado las sensaciones que han recorrido la mente y el cuerpo de todos y cada uno de nosotros. Ha sido inevitable darle vueltas a la cabeza, llevando a cabo un minucioso examen de conciencia sobre el pasado, a veces tan incomprensible, y el futuro, siempre tan imprevisible. Hemos visto amaneceres salir y anocheceres morir, queriendo controlar la situación como aquel que trata de atrapar una ráfaga de viento o contener una riada; porque a veces solo nos queda dejarnos llevar, (¿a merced de las olas? ) y deslizarnos hacia delante, como el río que nos lleva. ¿Y el destino? no lo hay, solo una abrupta senda. Nada más.

Juan Marti Serrano

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